Los que se quedaron en el camino: Minnesota Timberwolves
Posteado en General sobre Abril 15, 2008 por lazonapintadaLa NBA siempre tiene sus misterios. Ayer miraba la tabla general del este y me sorprendí cuando leí en la pantalla que los Miami Heat estaban últimos en la general. ¿Cómo puede ser
que un equipo campeón hace un par de años hoy esté en el fondo de todo?
Este tipo de misterios tiene sus razones: Dwayne Wade estuvo lesionado toda la temporada; Shaq fue traspasado a Phoenix en un trueque que incluía a un Shawn Marion que –a mi juicio- no puede darle mucho más los Heat; y una plantilla que incluye figuras del pasado que ya están en las postrimerías de su carrera (Mourning, Hardaway).
Así, equipos que han gozado de un buen pasar, pronto pueden caer en desgracia. El caso que analizaremos hoy es bien evidente y parece, más que una caída, un retroceso. Claro, como si fuera un avión con una turbina totalmente destrozada que va derecho al infierno, y sin escalas.
Si, señores. Aquí, los Minnesota Timberwolves. Y les habla un fanático de esa franquicia que nunca pudo llegar hasta el momento cúlmine (lo máximo han sido las finales de conferencia de la 2003-2004).
Eternos loosers durante un buen tiempo, los T-Wolves inauguraron la década de los años 90 con una serie de varias temporadas sin pasar las 30 victorias y llenando sus canastas de derrotas que los sepultaban en el fondo del tarro.
Por la franquicia habían pasado grandes jugadores –Isaiah Rider, Christian Laettner- que poco pudieron hacer para cambiar el rumbo de unos timoratos Timberwolves. Así es que, llegando a la 95-96, vienen un par de muchachos para intentar mejorar un poco el asunto.
Además, estos encargados de hacer magia tenían un piloto de reemplazo sobre el cual recaía toda esperanza. El cambio de Bill Blair por Flip Saunders fue el golpe de gracia para que Minnesota pudiera creer un poquito más aunque sea, llegando a un porcentaje mayor que los anteriores en materia de partidos ganados.
De esta manera, con la mezcla de veteranía –Terry Porter, Doug West, Tom Gugliotta- y juventud –Kevin Garnett-, la cosa comenzó a despegar de la tierra, por lo menos.
Ya para la 96-97 se sumaría el tercer mosquetero del parquet –Stephon Marbury-. Y Minnesota podía soñar con una plantilla en la que cada puesto estuviera cubierto por un jugador de mediana jerarquía, algo a lo que apuesta todo equipo con pocas pretensiones.
Los T-wolves ese año sacan un récord de 40 ganados y 42 perdidos. Mágicamente llegan a los Playoffs para ser eliminados por Houston con barrida incluída, 3-0. Pero, sin embargo, el daño ya estaba hecho.
La siguiente temporada, el trío mágico de Gugliotta-Marbury-Garnett se las arregla para volver a la postemporada recurriendo, además, a la experiencia en el juego interior de Sam Mitchell.
Para la 98-99 desaparece un ya venido a menos Gugliotta y se incorporan dos jugadores que, a mi criterio, le aportaron mucho más al equipo: Terrell Brandon, que venía de los Bucks y el siempre conflictivo pero eficiente Joe Smith. También aparecían por ese entonces un interesante pívot de media –Dean Garrett- y varios sextos hombres de calidad – Malik Sealy, Bobby Jackson, Anthony Peeler-.
Durante dos temporadas más, los T-Wolves se aseguran su puestito en los Playoffs con la magia del dueto Garnett-Brandon (ya sin Marbury), los buenos porcentajes de Sealy y el surgimiento de Wally Szczerbiak (hijo de Walter Szczerbiak, figura en el Real Madrid durante los setentas y otrora relator de los partidos de la NBA en la Argentina en la década del ochenta) y el buen pívot esloveno Rasho Nesterovic.
Pero es aquí cuando la maldición comienza a rodear a los Timberwolves cuando Malik Sealy muere en un accidente en donde chocan su auto y una pickup conducida por un joven en estado ebrio. El quinteto, no obstante, mira hacia delante y por quinta temporada seguida llega a las instancias finales, cayendo otra vez en primera ronda contra los Spurs por 3-1.
La historia es la misma en las temporadas 2001-2002 y 2002-2003 en donde caen 3-0 y 4-2 en primera rueda contra Dallas y Los Ángeles, respectivamente. Para ese entonces, los Wolves reclutaban a gente como Chauncey Billups, Gary Trent, Robert Pack, Kendall Gill, Marc Jackson y Rod Strickland que poco aportaban, teniendo en cuenta su edad y la sombra de esos tres mosqueteros de los que solo quedaba el jugador-franquicia Kevin Garnett.
Lo máximo llega cuando, para la temporada 2003-2004, el team llega hasta las finales de conferencia y cae otra vez contra los Lakers por 4-2. Recordemos que la corta plantilla se había reforzado con gente de calidad como Latrell Sprewell, Michael Olowokandi y Sam Cassell –ganador de dos anillos con Houston-.
Pero esa racha de ocho postemporadas seguidas se acabaría el siguiente año, dando comienzo a una nueva era de incertidumbres en Minnesota. En el medio, Saunders dice adiós y lo reemplaza un poco exitoso Kevin McHale. En la 2005-2006 el equipo nuevamente cae en los récords noventistas de más derrotas que victorias y sus estrellas se empiezan a cansar de no ganar anillos o por lo menos llegar lo más lejos posible.
Estamos en la 2007-2008 y ya no queda nadie de esos grandes quintetos: Garnett quiere su primer anillo en Boston, Marbury sufre en Nueva York, Szczerbiak suma minutos en Cleveland, Saunders va por todo con Detroit y poco más.
En Minnesota, en tanto, Marko Jaric –gran jugador subestimado- hace lo que puede desde la base, Al Jefferson se carga unos buenos números, Telfair aporta poco y Antoine Walter está cada vez más cerca del retiro. En la plantilla también aparecen unos verdaderos outsiders –Doleac, Madsen- y un viejito piola –Theo Ratliff- que no suman ni restan.
En fin, historia triste la de los T-Wolves que esta temporada llegan a los 21 ganados y 59 perdidos, retrocediendo unos diez años y pidiendo por favor que vuelvan los viejos tiempos.
